La auténtica Caridad Torera ...


Las alforjas de los tiempos de antaño han vuelto a ser abiertas para adentrarnos en los momentos más profundos de nuestra Semana Grande en el ayer. Esta vez, los ojos del tiempo han decidido deternse en un barrio rancio, pero también lleva por bandera la gracia y la solera.Última década del siglo pasado, el apogeo del ecuador de la semana se ha hecho presente sobre los antiguos adoquines donde se respiran tan antiguas décadas de gloria.La noche ha hecho juntar a todas las estrellas del firmamento para poder admirar lo que muy pronto se avecina.Nazarenos del color azul del cielo han tomado la antigua puerta del aceite. Caminan de regreso, cansados pero felices por haber cumplido un año más, el ritual de la penitencia hacia el primer templo de la cristiandad según Sevilla.Ha pasado la bendita Misericordia de Dios yacente bajo el dulce amparo de la Piedad de su Madre, son ahora cirios inmaculados los que intentan atravesar las calles entre la multitud allí agolpada.Ya viene, ya se acerca, ahí llega la otra Madre, en la que siempre humilde la guiaba el bueno de Rafael Díaz Palacios, la que muchos comparan a una hermosa Torera... y no me extraña el que muchos hasta hoy en día lo dijeran, pues toma la muleta sobre el albero para así, los males de sus hijos disipar.Garbosos son los andares que trae a la vuelta esta mística Reina, hasta el Giraldillo curioso se ha girado para verla. Otros tiempos sin duda, donde las bambalinas eran apasionadamente besadas sobre los varales de plata, y detrás un clásico de los que muchos reconocemos al instante...''Nazareno y Gitano...'' Todo haber sido perfectamente medido y equilibrado, los acordes por qué será, recuerdan el compás de un pasodoble.¡Ay! Caridad Baratillera... No es de extrañar que siempre la llamásemos la Virgen Torera, pues Ella se ciñe el manto sobre la cintura cuán capote de paseillo, observen ustedes mismos.Y sin previo aviso, como si de un tarde ante un miura se tratase, unos pasitos hacia atrás...¡OLÉ! acalama a su paso la gente.Y se vuelve a escuchar la misma marcha una y otra vez, por Dios señores... ¿Qué más dará? Esto es la mejor de las formas en que en esta ciudad tan mariana se reza, con poderío, con un lance, con sello propio y poderoso compás.Y de nuevo otros pasitos hacia atrás... la noche se había convertido en una gradiosa tarde de faena, donde Ella era llevada a hombros por llevar el rabo y las dos orejas.La auténtica... la única e iniguable Caridad donde muchos decían desde chiquillo que siempre ha sido la flor del Baratillo.Noche de Miércoles Santo en Sevilla, años noventa. Sevillanía con pinceladas trianeras en estado puro... Una vez más, disfruten...



Antonio Vázquez Bayón.

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